Contraseñas fuertes que se recuerdan: el método de la frase
Una contraseña larga y tuya resiste más que una corta llena de símbolos, y se recuerda mejor. Te explicamos cómo construirla, cómo tener varias sin volverte loco y qué segunda cerradura poner.

En nuestros talleres, cuando preguntamos qué contraseña usa cada persona, las respuestas se repiten: una serie de números seguidos, el nombre de un nieto, el año de la boda. La razón es sensata: una clave que no se recuerda no sirve. El problema es que las que se recuerdan sin esfuerzo también las adivina sin esfuerzo un programa que prueba millones de combinaciones por minuto.
Hay una salida que no obliga a elegir entre recordar y proteger. Consiste en dejar de pensar en «palabras raras con símbolos» y empezar a pensar en frases.
Por qué una frase larga gana a una palabra rara
A un programa que prueba combinaciones lo que le cuesta no son los símbolos: es la longitud. «Tr3b0l#» tiene siete caracteres y cae en minutos. «El pan de mi abuela olía a anís» tiene treinta y uno y resiste años. INCIBE, el Instituto Nacional de Ciberseguridad, recomienda contraseñas largas por encima de contraseñas complicadas, y tiene una guía para la ciudadanía con el detalle.
Cómo construir la tuya
- Elige un recuerdo que solo tú tengas y que no esté en tus redes sociales: una frase de tu madre, la calle de tu primer piso, un plato de un viaje. Nada de fechas de nacimiento ni nombres de nietos.
- Conviértelo en una frase de cuatro o cinco palabras. Ejemplo inventado: «lunes de lluvia en Cuenca».
- Únelas sin espacios y pon alguna mayúscula donde te resulte natural: «LunesDeLluviaEnCuenca».
- Si el servicio exige número o símbolo, añade uno que tenga sentido para ti al final: «LunesDeLluviaEnCuenca.7».
- Escríbela tres veces seguidas en un papel para fijarla. Luego rompe el papel.
Esa contraseña tiene más de veinte caracteres, se recuerda como una frase y no aparece en ningún diccionario.
Cómo tener varias sin volverte loco
No necesitas veinte frases. Necesitas dos o tres de verdad y una ayuda para el resto.
- El correo electrónico y el banco merecen cada uno su frase única. El correo, porque desde él se recuperan todas las demás contraseñas.
- Para el resto, usa el gestor de contraseñas que ya tienes: en Android es el Gestor de contraseñas de Google; en iPhone, el Llavero de iCloud. Ambos inventan una contraseña distinta para cada página, la guardan y la rellenan solos cuando entras. Tú solo recuerdas la del móvil.
La segunda cerradura
Una contraseña buena es la primera cerradura. La segunda es la verificación en dos pasos: al entrar desde un aparato nuevo, el servicio te pide un código que llega al móvil. Quien tenga tu contraseña pero no tu teléfono se queda fuera. Actívala al menos en el correo, en el banco y en WhatsApp; cada uno la tiene en su apartado de seguridad.
Preguntas frecuentes
¿Hay que cambiar la contraseña cada pocos meses?
No, si es larga y única. Se cambia cuando hay motivo: una filtración en ese servicio, un aviso de acceso extraño o haberla escrito en un aparato que no era tuyo.
¿Es seguro que el móvil guarde mis contraseñas?
Más que reutilizar la misma en todas partes. El gestor del móvil las cifra y las protege con tu huella o tu código. Lo que no conviene es guardarlas en un ordenador compartido.
Me piden la contraseña por teléfono «para verificar mi identidad». ¿La doy?
Nunca. Ningún banco, ninguna compañía y ninguna administración la pide por teléfono, mensaje ni correo. Quien la pide, la quiere para entrar.
Recordar y proteger no están reñidos
La contraseña difícil de recordar es un mal diseño, no una obligación. Una frase tuya, larga y distinta para lo importante, más el segundo paso en el móvil: con eso estás mejor protegido que la mayoría. Y si el primer día lo haces con alguien al lado que te ayude a fijar la frase, mejor todavía.
Las guías del Aula describen los menús tal como aparecen en la mayoría de los teléfonos en el momento de publicarlas. Cada marca cambia algún nombre: si no encuentras una opción, usa el buscador de Ajustes.
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